Todo y nada
Una hoja en blanco. Un trozo de pantalla lleno de todo, vacío de nada. Un espacio donde crear, un lugar donde invocar. Un escondite en el que refugiarte después de un domingo lleno de lluvia, como casi todo aquí. Un lugar donde estar sola, acompañada por miles y miles de personas en cualquier otro lugar. En tu mismo lugar. Un punto en blanco en tu historia, una sucesión de signos, que nada significan hasta que no le asignemos un sentido. Espacio, llanura, blanco, infinito, vacio, con sentido o sin tenerlo, estúpido tal vez, pero ayuda. Delante de esta hoja en blanco, todo son sucesiones de palabras que se agolpan en la punta de tus dedos. Palabras, frases, párrafos, textos enteros que salen, que mueren en el mismo instante en el que acaban de nacer. Los dedos, títeres de tu conciencia expresan golpeando levemente cada una de las teclas de tu ordenador. Palabras, palabras que no son nada más que eso. Pero que aquí lo son todo. Escribes, aflojas tus sentidos, despiertas tu interior, sientes, escuchas y sólo tienes ganas de dejarte llevar, de completar la hoja en blanco, el crucigrama diario de qué decir, cómo escribir y por qué hacerlo.
El esfuerzo personal de crear algo sin saber muy bien por qué, para quien. Un mensaje cojo, sin un receptor fijo, con un emisor silencioso, que sólo busca ese trozo de cartón que minuciosamente doblamos para que nuestra mesa quede fija, para que uno de sus apoyos deje de sufrir y sea como el resto. Ese minúsculo cartón, esa pieza clave cuando las cosas cojean, cuando no están del todo rectas, cuando es imposible tenerlas en pie, ese gesto tan habitual en nuestras vidas, que hacemos casi sin darnos cuenta, es lo que significa un trozo de papel, una pequeña pantalla en blanco para mí.
Eso que puede parecer nada y que para mí significa tanto, es todo lo que ahora tengo delante. Una nada que espera ser construida, un vacio que quema por ser suavemente cubierto, unas palabras que gritan por salir del cerebro. El todo y la nada, podría decir. Un todo que se construye con un pequeño empujón de cartón y una nada que espera convertirse en una totalidad.
Buenas noches
Quedarte a solas así,
ResponderEliminarDe improviso,
Perder de vista el norte y la demora
Imposible del olvido,
Intentar la memoria de unos labios
-también inciertos- y escribir
Al dictado de su silencio,
Esto es,
Ensayar otra vez tu transparencia
En el eco que llega de otra voz
De vez en cuando.
A. Méndez