Creo que hoy queda bastante claro el estado en el que me encuentro y que a falta de palabras, buenas son las imágenes. A veces no hace falta decir nada para expresarlo todo.
Llegar a casa y dejar la ropa a tu paso. Encenderte el último cigarro del día y disfrutar del momento como válvula de escape diária, sin que importe el tiempo que pasas haciéndolo. Entrar y salir de casa, cuando quieras, como quieras, hasta que quieras. No tener prisa de despertarte, ni de que la hora de comer se junte con tu desayuno. Organizar tu habitación dejándolo todo en el sofá como punto de encuentro. Tener esas pequeñas manías que ni tú sabes porqué las tienes, ni para que sirven. Despertarte entre legañas, desorientación y olor a café recién hecho. Bailar y cantar esa canción tantas veces como quieras, ya que nadie la entiende y si lo hicieran, te entraría verguenza. Hacer lo que quieras, cuando quieras, a la hora que quieras. Que tu nevera esté tan llena o tan vacía que no sepas que comer. Sentir que aquí dentro nadie podrá hacerte daño. Que este es tu hogar, tu pequeña república, tu pequeña libertad. Espero que me quepa toda en el equipaje de vuelta.
Uno Dos Tres Cuatro Cinco Seis No parece nada del otro mundo, pero para mí, contar hasta seis significa toda una vida. Quien sabe si seguiremos contando hasta llegar a infinito. De momento, me quedo saboreando todo lo que ha costado y lo que ha valido la pena hasta llegar a ese número. Feliç aniversari amor!
La pantalla del ordenador permanecía inmóvil ante mí. La página cargada por completo, esperaba mi respuesta. Había que dar un paso más. Hasta ese momento, el paso 1, el paso 2, no habían sido complicados. Pura rutina. Datos sin importancia. Pero el último y definitivo se acercaba. Me quedé parada. Una mano sujetaba mi calendario, mientras la otra, apoyada sobre el borde del ordenador, no podía moverse. La música de fondo dejó de sonar para convertirse en eso, en un simple fondo. Por delante de mí empezaron a pasar imágenes, momentos, historias, risas, caídas, abrazos. Empezó a pasar el tiempo. Y ese fue el primer momento desde hace 8 meses en el que me dí cuenta de que había pasado el tiempo. No sé por cuanto tiempo permanecí inmóvil, casi sin respirar delante de la misma pantalla. Sólo quedaba un paso. Sabía que no me quedaba otra, que tenía que hacerlo y que ya había demorado suficiente. Dentro de mí, una parte se movía, sóla, vagamente, sin ganas. Pero, la otra parte, arrastraba con...
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